Se podría comenzar explicando un concepto de importancia sobre los factores o causas criminógenas. Y hablamos en concreto sobre el concepto de etiología que, según Zúñiga (2021, p. 102), es el estudio de las causas de un fenómeno en particular; en lo que nos interesa, lo que genera delitos y conductas desviadas.
En este orden de ideas, esta figura como el estudio de las razones que generan una actividad criminógena. Se realiza dentro de la Criminología para entender el fenómeno criminal, explicar esos actos reprochables y tratar de buscar soluciones que permitan mejorar la vida de las personas, cual es la aspiración altruista de esta ciencia social, como hemos comentado.
Para la Criminología, es fundamental conocer lo que ocasiona o causa el delito. Sin conocer las causas resultaría poco probable intentar reducir o prevenir la aparición de conductas criminales. Así, surge el concepto de criminogénesis, que según Zúñiga (2021), se conoce como aquel estudio de los factores y causas criminógenas que dan origen al hecho delictivo, precisamente, al cuestionar qué puede ocasionar un delito, o por qué una persona comete un delito.
La causa criminógena, por un lado, son aquellas razones de tipo biológica, psíquica o de interacción sociológica, que provoca la actuación delictiva Zúñiga (2021, p. 103). Por ejemplo, una persona puede nacer con una enfermedad mental hereditaria, que le genere una mayor predisposición para convertirse en algo, pero, ciertamente, es el ambiente, aunado a la estructura, lo que terminará de fijar el destino de esa persona. Puede ser una persona con tendencia a la agresividad o a la violencia, que no necesariamente se convertirá en un criminal, salvo si no posee la personalidad suficiente para contener los impulsos a esas conductas.
Mientras que, de acuerdo con Zúñiga (2021), los factores criminógenos son aquellos estímulos que propician la comisión de actuaciones marginales no aceptadas por la sociedad (p. 103). En esa línea, es importante indicar que existen factores de riesgo predictores, que se utilizan para determinar qué tan probable es para una persona convertirse en criminal.
Rodríguez (1981, citado por Zúñiga, 2021, p. 105), dice que estos factores pueden ser: predisponentes, preparantes o desencadenantes.
o En cuanto a los predisponentes, en palabras sencillas, son los que la persona trae desde su nacimiento. Tenemos como ejemplo lo relativo a la herencia genética, trastornos mentales, anomalías morfológicas.
o También, se tienen los preparantes, que son los que la persona los desarrolla en su interior, producto de la interacción social, y si existe rechazo o marginación que se interrelacionan con este. Estos tienden a generar una frustración en la persona que, si no se poseen los mecanismos de escape o liberación necesarias, pueden deparar en un aumento que propicia la comisión de delitos.
Aquí encontramos como ejemplo, lo que genera la pobreza (y con mayor pronunciamiento la pobreza extrema), como un grave problema para la sociedad, al ser una de las mayores causas, precisamente por la frustración que genera en las personas la falta de acceso a medios o recursos.
o Por último, se tienen los desencadenantes, que son aquellos que se presentan de no contar con la contención correspondiente y llegado a un punto limítrofe, la persona puede reaccionar a estos factores. Ello, puede ser mediante una decisión apresurada o un arrebato de ligereza; o bien, incluso habiendo sopesado de manera concienzuda la situación, se llega a la determinación de que no hay otro remedio que proceder con el delito.
Un claro ejemplo puede ser crisis económicas, muerte de familiares o seres queridos, fracasos personales o laborales, conflictos interpersonales, entre otros.
Estos condicionantes que estimulan o propician la comisión de un delito, se dividen, a su vez, en dos: endógenos (internos) y exógenos (externos).
Por endógeno, se debe entender un aspecto que se origina por causas internas o que forma parte del interior de algo. En el caso concreto de la criminología, serían aquellos factores que median en la comisión de un delito y que son inherentes a la persona infractora (Zúñiga, 2021).
De acuerdo con Randall Zúñiga (2021, p. 106), estos se pueden dividir en tres grandes categorías:
· De origen biológico y somático: se destacan aquellos que la persona obtiene desde el momento de la fecundación (por herencia, o anomalías genéticas), durante la gestación (por efectos de mala nutrición, enfermedades de la madre o traumatismos ocurridos), en el nacimiento o hasta aquellos propios del desarrollo que su cuerpo y mente generen en diferentes etapas de la vida (que se dan también por efectos de mala nutrición, enfermedades de la madre o traumatismos ocurridos durante el desarrollo, pero también, por la edad o sexo de la persona).
· De origen biológico que alteran la psiquis: aquí se pueden destacar aquellos de tipo físico-mentales (puede ser una anomalía que ocurrió desde su nacimiento, o bien, que se adquiera con el desarrollo), los neurológicos (principalmente, por fallos del sistema nervioso central), o bien, de tipo endocrinológicos (por un incorrecto funcionamiento de las glándulas endocrinas – tiroides, paratiroides, hipófisis, suprarrenales, páncreas, así como genitales -).
· De origen mental que alteran de igual modo la psiquis: que, básicamente, se clasifican a su vez en los de tipo psiquiátrico (retrasos mentales, esquizofrenia, paranoias, trastornos de todo tipo), psicoanalítico (modelo psicodinámico, pensamiento psicoanalítico) y psicológico (modelo biológico conductual, socioconductuales y factoriales, teoría del desarrollo moral).
Tales factores son los que quizás puedan ser más cognoscibles para el común de la población, en el sentido de que la mayoría de ellos pueden estar en registros médicos, psicológicos o psiquiátricos, ya sea en el ámbito público o privado, y pueden ser corroborables en caso de requerirse, sea en forma voluntaria por el propio paciente o por petición de una autoridad judicial o administrativa.
Ahora bien, existen por otro lado, los factores exógenos. Estos hacen referencia a situaciones externas de la persona, que favorecen su respuesta criminal (Zúñiga, 2021, p. 114). Dentro de estas, a su vez, se pueden distinguir dos grandes tipos de influencia, de acuerdo con el criterio de este autor, se tienen las que son:
- Causas propias del ambiente físico: asimismo, se subdivide en dos grandes grupos: los que están asociados a los ambientes naturales, como los elementos “cosmotelúricos” (fenómenos del espacio-terreno, como clima, estaciones, duración del día, temperatura, topografía, entre otros); y los que están asociados a ambientes artificiales o creados por el ser humano, sean estos físicos (deterioro físico de barrios o lugares de residencia, aglomeración, hacinamiento, migración, entre otros), o virtuales (redes sociales y medios de comunicación).
- Causas propias del ambiente social: estas se centran principalmente en el concepto de mesología criminal, el cual, se conoce, en palabras sencillas, como la relación de las personas con el medio y su influencia, así como de las relaciones producto de esta interacción (Zúñiga, 2021, p. 117). Más ampliamente, se dice que este concepto trata sobre las deficientes interacciones que tiene la persona con el ambiente social. Éste último, se caracteriza por ser la forma que tiene una persona para interactuar con el mundo, y se puede subclasificar en: i) las redes de apoyo microintrapersonales, que tiene a su haber el individuo (familia, vecinos, amigos), y ii) aquellas macroestructurales que forman parte de un conjunto superior (religión, educación, economía, cultura, política, migración, guerras, pandemias, entre otras).
Estos factores, a pesar de ser identificables, su modo de evaluación y aplicación resulta complejo, y muchas veces insuficiente por parte del Estado y las instituciones a cargo de analizar el fenómeno criminal. No obstante, no significa esto que la responsabilidad sea meramente del gobierno.
Existe una cuota de responsabilidad individual-personal. Los modelos de familia, si bien han cambiado, no pueden perder los valores intrínsecos a una sana convivencia humana. Es allí donde inicia el desarrollo social de una persona, y muchas veces, en los hogares, es donde se está cultivando la semilla de un potencial delincuente, por descuido, negligencia, desatención, desidia, falta de tiempo, exceso de trabajo u otros hijos menores que atender, muchas familias están siendo el semillero de la situación que nos aqueja hoy como sociedad.
Finalmente, un ejemplo de total actualidad, es la influencia de medios de comunicación o de las redes sociales, en el mundo globalizado y tecnológico que tenemos hoy día. Es una realidad que ha traído como consecuencia, incluso, la creación de nuevos tipos penales, precisamente por la complejidad de tener que legislar sobre estas conductas en las que tradicionalmente conocíamos como posibles. La aparición de cibercrímenes es cada vez más común. Se ven estafas informáticas, principalmente a través de llamadas telefónicas – la gran mayoría de ellas realizadas desde los propios centros penitenciarios –, todos los días en las noticias, y es fiel reflejo de cómo las nuevas tecnologías y estas redes de comunicación masiva, han traído consigo nuevas problemáticas socio-jurídicas, al generar nuevas criminalidades y grupos que se organizan cada vez de manera más sofisticada para delinquir.
Referencias bibliográficas:
Zúniga L., Randall (2021). Fundamentos de criminología. 1ª ed. San José: EUNED.
BMolina Abogados, 2022. Inimputabilidad en materia penal *NOTICIAS REPRETEL*. Por: Boris Molina Mathiew. Extraído desde: https://www.youtube.com/watch?v=f-ZxX_nhJ5w
Colegio Profesional de Criminólogos de Costa Rica, 2022. Criminología en la era digital. Impacto mediático de las redes sociales, nuevas formas de violencia. María Contreras. Extraído desde: https://www.youtube.com/watch?v=TeHIRld0KHc


No comments:
Post a Comment